martes, 14 de febrero de 2017

fuente   Rosa Maria Plana.



El organismo está permanentemente equilibrando el terreno biológico, en búsqueda del equilibrio para un buen funcionamiento global. Debe mantener varias constantes biológicas (temperatura, nivel de glucemia, pH en sangre…) en unos valores muy determinados porque fuera de ese equilibrio es proclive a la enfermedad.

El pH, que es lo que hablaré hoy, juega un papel muy importante a nivel molecular de las proteínas y también a nivel enzimático.

El mantenimiento del pH sanguíneo se basa en la homeostasia. Para conseguirlo, el organismo hace un efecto tampón muy potente y eficaz a nivel plasmático y a nivel globular, ambos en sangre. La finalidad es cambiar un equilibrio químico de enlaces débiles en función del defecto o exceso de iones. Este desplazamiento permite atrapar el exceso para mantener el pH.

La primera consecuencia que observamos en un organismo ácido es el agotamiento de reservas naturales. Muchos trastornos de desmineralización son debidos por la acidificación. La acidosis que se vuelve crónica puede derivar a un agotamiento de reserva ósea y a su desmineralización.

La menopausia está muy relacionada con el pH. Al margen de la pulsión de azúcares e hidratos de carbono que puede ser el desenlace de la ansiedad, el cambio hormonal, por norma, sugiere una alteración del pH. Los sistemas tampón intervienen, pero el organismo se tiene que apurar para eliminar los residuos ácidos resultantes tanto en pulmones, riñones, intestinos…

Cuando el organismo produce un exceso de ácidos, se deposita en el tejido mesenquimatoso. Este almacenamiento se va reciclando durante la noche sustituyendo las moléculas ácidas para su eliminación. Una sobrecarga de tejido mesenquimático es una sobrecarga ácida y provoca: anorexia celular, sufrimiento celular, intoxicación celular, malos intercambios tróficos, irritación e inflamación de algunos tejidos, pérdida de oligoelementos fundamentales…

A un nivel más visual: caries, fracturas espontáneas, dolores articulares, hernias, astenia, bajada de defensas, artrosis, calambres, irritabilidad, cansancio crónico, depresión, estado de estrés permanente, diabetes, afecciones renales, el mismo cáncer… intervienen en estados de acidosis y lo agravan una vez instalados en el organismo.

La alimentación y la acidosis.-

Sí, es cierto que podemos hacer muchas cosas a nivel de complementación y homeopático, en este caso no conseguiremos mucho si no cambiamos nuestros hábitos. Unos hábitos que la raíz es la acidosis y el lenguaje es cualquier trastorno anteriormente mencionado.

La causa esencial de la acidosis es alimentaria o la ausencia de alimento que nos puede llevar a la acidosis, también.

Los alimentos principales que la causan son: las carnes, las harinas blancas, los azúcares, conservas, alcohol, aceite refinado, cafeína…

Deberemos tener una dieta rica y variada en frutas, verduras, frutos secos, legumbres… además, de reconsiderar los alimentos integrales y consumir de manera regular cada dos o tres horas máximo.
Una actividad física no necesariamente a fuerza de gimnasio ni con fuerte desgaste porque esto justamente provoca más acidosis, sino, ejercicio suave, mantenido y constante nos proporcionará una oxigenación muy adecuada, promoviendo que los emuntorios de pulmón reciclen el exceso de acidez.
El estrés junto con la mala alimentación son enemigos potentes del organismo y aliados de lo ácido. Así como el sedentarismo, la vida urbana, el tabaco… 

La complementación que nos puede ayudar

Teniendo claro lo que es esencial, los complementos que nos pueden ayudar son aquellos que son ricos en sales minerales, unidas a carbonatos y/o citratos de calcio, magnesio, vitaminas del grupo B…

Muchos casos de artrosis, reumas, depresión, ansiedad, irritabilidad, osteoporosis, calambres, fatigas, niños diagnosticados como hiperactivos… con esta complementación, además, de ácidos grasos polinsaturados, se observan de entrada importantes mejorías con una reducción sintomática de todo el cuadro con el tiempo.

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