lunes, 10 de abril de 2017

Sobre las limitaciones del ser humano y de las razas que las provocaron

fuente David Topí 

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Empezamos un tema complementario, y más que interesante, respecto a los últimos artículos, donde hemos explicado las funciones principales de dos de los cuerpos sutiles que marcan una gran parte de la manera en la que dirimimos con nuestra experiencia terrenal. Ahora, en las próximas semanas, vamos a trabajar algunas funciones de la psique que nos van a ir dando una comprensión cada vez más profunda de cómo el cuerpo emocional, y el cuerpo mental, se combinan, de forma única, para poder dotar al ser que somos del entorno en el que experimentar la vida, con sus potenciales y con sus limitaciones. Hoy, como introducción, daremos una explicación del por qué de esas limitaciones impuestas en nosotros y su origen.
Capacidades latentes a la espera de ser despertadas
Cuando el ser humano, el cuerpo físico que usamos, fue manipulado genéticamente hace muchos miles de años, para propósitos que muchos de vosotros ya conocéis o intuís, fue dotado del potencial latente para también llegar a cotas muy altas de desarrollo evolutivo por las leyes del balance, del equilibrio y de los procesos que rigen la vida en la Creación. Es decir, no se puede crear o destruir algo del todo sin dejar latente la posibilidad de que aquello que se crea o se destruya pueda revertirse, sea con un cierto esfuerzo, trabajo o ayuda, pero siempre ha de estar latente la posibilidad de que pueda producirse un proceso de transformación que dé la vuelta por completo a aquello que ha sido limitado. En este caso, lo limitado, fue el potencial humano, a través de su vehículo físico, emocional y mental, pero no eliminado, por lo tanto, en todos y cada uno de los seres humanos está latente el potencial infinito de todos los niveles que nos componen.
A nivel físico, el ser humano tiene ADN que podría despertar capacidades literalmente “sobrehumanas”, ya que poseemos ADN, de muchas razas, “dormido” en nosotros. A nivel de cuerpo emocional y mental, tenemos potenciales también latentes que podrían darnos un dominio de la estructura de la realidad y un control de la misma, que ahora no tenemos, y que están en proceso de ser, igualmente, en algún momento, activados.
Una guía interior para el proceso
En este caso, el despertar y reversión de las limitaciones que se impusieron a nuestra especie cuando el cuerpo físico que usamos, y las estructuras mentales y emocionales que tenemos, fueron adaptadas a las necesidades de aquellos “dioses de la antigüedad” (las diferentes razas que intervinieron en las sucesivas modificaciones de nuestro cuerpo), requiere del trabajo interior de cada persona, guiados por la parte de ellos que es consciente de esas limitaciones, y que conoce aquello que debe ser modificado, despertado o sanado, para que este proceso se ponga en marcha. Es por esa razón que ya explicamos en el artículo sobre “quién detona los cambios en mi”, que es nuestro ser, nuestro Yo Superior, y partes de nosotros que, por derecho propio y diseño de la estructura multidimensional de aquello que somos, son los encargados de ir dando los pasos e ir moviendo los hilos para que, desde lo más profundo e intangible, hasta lo más físico y externo, esta transformación se vaya dando.
Es evidente que no hay demasiadas personas, en estos momentos, que estén preparadas para revertir todos aquellos cambios y limitaciones sufridas en su totalidad, algo que sería un proceso relacionado con la escala de “tipos de hombres” de la que hablaba Gurdjieff, pero eso no quiere decir que no estemos, consciente o inconscientemente, listos individualmente para revertir aquello que pueda ser revertido, y para lidiar con las limitaciones impuestas a cada ser humano por el sistema de control en la justa medida en que las capacidades y estado evolutivo actual de cada uno lo permita.
Toda limitación, obstáculo o bloqueo tiene una razón evolutiva
Como a todos los seres humanos, se nos bloquea siempre en la medida en la que el sistema percibe que somos un peligro potencial de una u otra forma, cosa que luego sirve, a nivel evolutivo, para que cada uno de nosotros sane sus propios bloqueos y limitaciones, y eso nos haga crecer como personas. Así, mientras que se permite inicialmente que se instalen y se lleven a cabo esas manipulaciones en todos nosotros (o por leyes y procesos que posiblemente no lleguemos a comprender aún se permitieron en su día), siempre es para que sirvan para detonar procesos de cambio interior que nos lleven a cada uno a expresar lo mejor que tenemos dentro.
Cuatro grandes razas en control
En estos momentos hay básicamente cuatro razas que están gestionando la vida en la Tierra, y que la mayoría de nosotros conocemos con los nombres de Dracos, Anunnakis, Mantis y una especie insectoide que tienen un nombre que se parece a algo así como “Zul” (cuando lo oyes fonéticamente).  De ellos dependen legiones de otras subespecies menores que tienen también diferentes formas de insectos en su mayoría, y además, de ellos dependen también lo que solemos llamar “sombras”, “entidades negativas menores” o que yo suelo catalogar como entidades interdimensionales por su facilidad para moverse entre planos frecuenciales.
Estos “sub-alternos” provienen de los planos no físicos de sus respectivos planetas de origen (los de las cuatro grandes razas principales), y vinieron aquí para conquistar  y obtener recursos para su existencia. En estos momentos, nuestros mayores oponentes son los Dracos. Son una raza antigua que llegó aquí de Alfa Draconis y son los que manipularon al troodon, de donde se inició todo el proceso de manipulación genética que terminó en el homo sapiens. En la película “El Ascenso de Júpiter”, podéis ver algunas de estas razas, pero las tenéis básicamente en todas las series de ciencia ficción, e incluso dibujos animados. Tal y como lo entendemos, no son físicos como nosotros, pero están dentro del rango frecuencial de lo que llamaríamos el plano etérico, algo que, en algún momento también tendremos que estudiar, para que comprendamos mejor la estructura de nuestra realidad.
Estos Dracos tienen todo el sistema de vida en la Tierra bajo su control, y, como tal, son los más peligrosos. Son las serpientes, reptoides y dragones “negativos” que muchas personas ya ven abiertamente, en visiones y percepciones, aunque pueden adoptar cualquier forma, y están en nuestra literatura, simbología y mitos desde hace miles de años, pues siempre han estado entre nosotros (no tenéis más que ver la escultura que hay en una sala del Vaticano que los muestra, como una representación del poder que tienen sobre las instituciones que existen en nuestra sociedad). Si ahora nos atrevemos a hablar abiertamente de ellos es porque hay una cantidad cada vez mayor de personas que, por los cambios internos en ellos, y por los cambios en la estructura y frecuencia del planeta, están empezando o llevan tiempo percibiéndolos o sintiendo su presencia, y, como tal, es necesario darle validez para contrarrestar el control de daños y desinformación que trata de ridiculizar y mantener esto bajo control y sin salir a la luz. En todo caso, la raza draco sabe manipular muy bien la parte mental y emocional del ser humano,  esto último algo que ellos no tienen, emociones, y por lo tanto siempre serán fríos, arrogantes, con sentimientos de superioridad, etc., hacia nosotros, de ahí que os haya explicado con varios artículos como funciona el envenenamiento mental y la manipulación de la psique para que podáis comprenderlos mucho mejor llegado el caso.
Comprendiendo mejor el tablero de juego
Para finalizar, simplemente quedémonos en que es necesario comprender un poco mejor a todos los jugadores que forman parte de esta experiencia terrenal que llamamos vida, en estos momentos de transformación profunda de todos nosotros, de nuestro planeta, de nuestro sistema evolutivo, ya que es lo que nos permitirá transcenderlo, y llegar a otro nivel, donde las cosas serán muy diferentes, y donde mucho de todo esto que ahora estamos contado quedará como parte de las experiencias vividas en uno de los cursos evolutivos por los que todos vamos pasando, y que sirvieron para, precisamente, que poco a poco fuéramos todos pasando de grado.
un abrazo,
David Topí

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