martes, 9 de mayo de 2017

Si Japón no recomienda las vacunas del papiloma ¿por qué lo hacen el resto?

fuente Miguel Jara



La asociación de Afectadas por la Vacuna del Papiloma en España (AAVP) me envía un artículo que la organización de profesionales sanitarios por la ética No gracias traduce y comenta con acierto. Japón es el único país del mundo que dejó de recomendar la vacunación del virus del papiloma humano (VPH). Las tasas de vacunación pasaron del 80% al 1% de la actualidad. ¿Qué ha sucedido?
Lo que sucede, según No gracias, es que una sociedad que ha sufrido problemas de salud pública por contaminantes y medicamentos en el pasado no tolera la falta de respuestas convincentes de expertos y agencias gubernamentales a las dudas sobre seguridad y eficacia de las vacunas del papiloma, Gardasil, de Sanofi, Pasteur, MSD y Cervarix, de GlaxoSmithKline (GSK).
Con razón se preguntan estos médicos, doctoras y profesionales sanitarios movidos por la transparencia:
¿Qué pasaría en España y el resto del mundo con información adecuada sobre riesgos y beneficios y autoridades y medios de comunicación sensibles a las preocupaciones de los ciudadanos?”.
Ocurriría que a lo mejor la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) se ponía a investigar las más de 350 posibles muertes que dicho organismo tiene notificadas en sus bases de datos en relación con estas inmunizaciones. Al menos investigarlas que es lo mínimo, oiga.
Pero vayamos a lo del artículo que queremos comentar. Está escrito por médicos japoneses y abogados que llevan las acciones legales de las afectadas por estas vacunas en Japón. Cuentan cómo en el país nipón la inmunización del papiloma llegó más tarde que a otros países pero la promoción gubernamental y su financiación pública hicieron que pronto se consiguiesen altas tasas de vacunación.
El incremento de la vacunación fue paralelo al aumento de eventos adversos relacionados con la vacuna. Pronto Cervarix y Gardasil se pusieron a la cabeza en el registro de daños graves provocados por vacunas (con mucho como podemos ver en la tabla).

La notificación de reacciones adversas es voluntaria lo que nos lleva a pensar que la realidad puede ser más grave.
Los efectos secundarios graves coinciden con los notificados a las autoridades sanitarias en otros países: Convulsiones, alteración de la conciencia, dolor sistémico, parálisis, debilidad, agotamiento y movimientos involuntarios; disfunción respiratoria, trastornos endocrinos, alteraciones cognitivas o trastornos del sueño, entre otros.
Tras analizar numerosos casos de daños, el Ministerio de Sanidad japonés, retiró su recomendación de vacunación en junio de 2013 por
una innegable relación causal entre dolor persistente y la vacunación”.
La cobertura bajó del 80 al 1% de hoy. Entonces, las empresas farmacéuticas que venden las vacunas, intensificaron su estrategia de marketing y lobby a través de redes públicas y organismos como Organización Mundial de la Salud (OMS).
En efecto, el Comité Consultivo Mundial sobre la Seguridad de las Vacunas (GACVS) de la OMS, afirmó:
no hemos encontrado ningún problema de seguridad que pueda cambiar nuestras recomendaciones para el uso de la vacuna”. Y criticó públicamente la decisión del Ministerio de Sanidad japonés de retirar la recomendación.
Hay que recordar que la OMS sufre un proceso de “privatización” y que está financiada en parte por laboratorios fabricantes de vacunas y en concreto recibe dinero de las dos compañías que comercializan las vacunas del papiloma.

En el artículo japonés que comentamos se critica que el informe de la OMS se basase en lo que decían los “expertos” sanitarios “de los laboratorios” (ya que los conflictos de interés de quienes realizaron el informe eran abrumadores) que ni siquiera se tomaron la molestia de examinar a las víctimas.
En julio de 2016, un grupo de víctimas inició una demanda múltiple en los tribunales de distrito de Tokio, Nagoya, Osaka y Fukuoka contra el gobierno japonés y las dos compañías farmacéuticas que ofrecen estas vacunas. En diciembre del mismo año, víctimas adicionales se unieron al pleito múltiple, constituyendo un número total de 119 demandantes.
Todo esto nos da pistas sobre las estrategias que utilizan las industrias para introducir en el mercado (en todo el mundo) productos sanitarios defectuosos, cuya eficacia se desconoce y su seguridad está en entredicho. Hay más, por ejemplo que para hacer la promoción de la vacuna se usó a un grupo de expertos que recibieron dinero de las farmacéuticas.
Uno de ellos incluso había desempeñado el cargo de director de comercialización de vacunas en GSK ocho meses antes del lanzamiento de Cervarix.
La promoción de la vacuna contra el VPH tuvo lugar durante las negociaciones del tratado comercial entre Japón y Estados Unidos, el socio comercial más importante del país del sol naciente. Un organismo como el Center for Strategic and International Studies, un think-tank (lobby que actúa como “centro de ideas”) que forma parte del complejo militar-industrial estadounidense, criticó en diversos informes la indecisión del gobierno de Japón en relación con las vacunas del papiloma señalando la irritación de las compañías.
Este tipo de estrategias se han repetido en otros países del mundo (en España sin ir más lejos), lo que nos lleva a concluir que se desarrollan de una manera perfectamente planificada, no son casualidad ni echos puntuales sino estrategia comercial pura y dura.

Es necesario dar luz sobre los lobbies que actúan contra la salud pública. Y tomar medidas políticas para revelar los conflictos de interés y ofrecer toda la transparencia posible.
También, como proponen desde No gracias, que la ciudadanía tenga mecanismo concretos y prácticos de control de estas actividades.
Si en Japón estas vacunas no son recomendables ¿por qué iba a serlo en el resto del mundo? Es necesaria una moratoria en la aplicación de las inmunizaciones contra el papiloma.


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